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sábado, noviembre 07, 2009

1 pornosoneto

Qué bueno que no estás muy a la moda
y aún usas las medias que son gruesas,
se deslizan mis manos sobre de ellas
entonces te comprendo, te sé toda,
se empareja la edad de nuestros sueños
y se pierde el balance de los temas
que platican profundas nuestras cejas,
se convierte ya todo en balbuceo,
pero comprendo exacto lo que dices,
tu meñique rodeándome el ombligo
con sus pancartas de hermosa protesta.
Debajo de tus medias cicatrices
de las fiestas que arma tu belleza,
debajo de tus medias no hay abismo.

Jorge Santana

jueves, octubre 22, 2009

En Tus Senos Conservas Los Perfumes

En tus senos conservas los perfumes
de aquello cocinado en la mañana,
me acerco a darte un beso en la garganta
de tus fornidos silencios azules.
Tu evolución de mujer, tu ascendencia
desemboca entre tus caricias leves
que me llevan al sueño en donde bebes
el estruendo brutal de mi impaciencia.
Todo lo hago porque tus piernas lisas
enmarcan las promesas que prefiero
y a mis dedos mendigos tu aguacero
no les importa inunde su avenida,
por la cátedra hermosa que regalas
si preguntan ¿qué tal va tu mañana?

Jorge Santana

lunes, octubre 12, 2009

Mutuamente

Tomé un rumbo desconocido,
encuentro tranquilidad
en no saber que me espera a la vuelta,
las grietas en la banqueta
parecen tener un propósito,
son como las venas expuestas en las manos de un viejo,
como el arroyo seco
que provoca imaginemos su mejor época.

Ningún árbol sobresale del otro,
todos parecen necesitarse mutuamente
para concebir al vecindario,
pero hay uno, el roble más fino
se ondea como abanico de mujer antigua,
sabe que es especial,
hasta parece que sus raíces cruzan la pierna
y lleva en su bolsillo un reloj ansioso
por abrazar la hora del té.

Mis zapatos de piel moca
intercambian piropos con las hojas marchitas,
mientras me ocupo en instalar a la mañana
en lo más limpio de mi memoria.
Empieza el sol a engarzar sus labios con mi frente
y los vientos apurados llegan contentos a su inacabable destino,
ya está cerca el mediodía,
lo veo venir con su bolsa llena de tiliches,
ojalá y le compren todas sus rarezas.

Jorge Santana

lunes, agosto 24, 2009

Rama

Esa rama no entiende su fantástica función en mi verano,
pasa lenta y torpe,
burócrata del viento,
la merienda que me ofrece me provoca sueño,
ignora el status que tiene en mi frente,
a escondidas entreabre la puerta para observar el mediodía
pues ignora que dentro tiene reservados todos los asientos.

El sol se revuelve en el cielo con su inhóspita vainilla
y apenas si toca con su yema el color prematuro de la rama,
ese insólito milagro de que exista su verdura .

Las banquetas yacen moribundas pero no pierden su actitud,
aunque tiene varios meses que sin tocarlas
puedo sentir su último aliento,
caliente,
como si hubieran abierto ese honor interno
que nunca termina de cocer a nuestra alma,

y por encima, la rama,
gran virgen,
rechazó el matrimonio
para cuidar de su madre hasta que muera.

Esta pequeña sombra que me obsequia
es tan sólo una de sus reliquias traspapeladas,
oasis modesto, humilde cabaña.

Esa rama no entiende, su fantástica función en mi verano.

Jorge Santana

jueves, agosto 06, 2009

La Tarde

La Tarde se sienta en la orilla de las nubes
con su delantal manchado por los colores del monte,
anduvo pintando hace días bodegones rarísimos,
puso a nopales junto a las sandías,
una sonrisa partida a la mitad, enseguida del cuitlacoche.

La Tarde no sabe de protocolos,
ni sabe cuando son propios los abrazos y los ademanes,
ella pasa por los cielos emocionada
por haber encontrado sus tintes favoritos en descuento,
pasa con su pelo con mechas coloridas,
con alhajas luminosas de pura fantasía.

Esta Tarde en específico, se olvidó del verano
y saca sus rebozos fulminantes a pleno sol,
tacones de lentejuelas impulsivas,
amarrada a su oreja lleva un florero de nácar
repleto con jazmines de azúcar.

La Tarde trae su melancolía amarrada al cinto
que no luce tan melancólica, pues,
su cinto es un anillo de cebolla
lleno de garigoleos pintados con hoja de oro.

Una sensación de alivio trae la Tarde en sus ojos
aunque lleve bajo su blusa de topacio
apretado el corpiño que se zurció
con hilos de estrellas deshilachadas.

No hay romance que espere a la Tarde
pero igual, gasta su dinero en la tienda de segunda y cuarta mano
donde compra todos los moños grandes y exagerados
que nadie quiere.

Jorge Santana

jueves, julio 30, 2009

lentes

Cuando estudias el álgebra con lentes
de mujer intelectual de erudita
me traduces las noches , me culminas,
extiendes mi final, vuelves circenses
los cuadros aburridos de la sala,
le das a los espejos dramatismo,
tus lentes de neglillé escondido,
de que saben tus besos a bengalas,
de intrigante esotérica sin pose,
de bibliotecaria dócil que roba
bajo su falda cuentos de pasiones,
Lentes de pueblerina que te soba
para curar empachos y desiertos,
los lentes que te vuelven su secreto.

Jorge Santana

lunes, junio 15, 2009

Adiós

No tienen tus ojos recuerdos,
duermen inmenso, con camas gigantes.
Tu boca olvida el significado de las palabras
y cuando habla
lo hace con el entusiasmo de abrir lo inexplorado.
Tus gestos parecen chiribitas frescas,
mariposas con color de experimento.

No tienen tus manos caricias ensayadas,
ni manchas como de tinta por escribir venenos,
manos que no pintan naturaleza muerta,
buscan siempre la sandia verdadera
aunque le acose una que otra mosca.

No está cercado tu ombligo,
nadie te ha medido la cadera,
de tus curvas costeñas salen barcos
que no se llevan nada de ti.

Sales de la ducha con tu aroma de mujer intacto,
nada te borra,
nada traspasa tu fantasía.
Se trasluce la primavera
aunque uses el brassier más negro,
las medias más gruesas.
Bajo tu cuello, en el centro de tu pecho
se escucha una cocina activa, cruje la madera incendiada,
tu espalda toca las campanas de su pequeña iglesia.

El viento se ha vuelto tu estilista
¿qué te debe el aire?

Pies que parecen siempre marchar un desfile
que los celebra a ellos mismos.

Nadie ha preguntado a tus parpados
¿qué ven desde su perspectiva?
Nadie ha querido averiguar qué ingredientes
le robó tu sudor a las hierbas.

El único instante que tus labios guardan
es la división amistosa
de un caluroso pan matutino.

Jorge Santana